Por fin la corrección al Papa tan esperada, tan deseada y tan necesaria.

Por supuesto, y penosamente, en toda esta batalla por la fe y por la doctrina, que dura lo que dura el papado de Francisco I, ni uno de los cardenales y obispos españoles ha dicho esta boca es mía. El clero español, que a lo largo de la Historia ha brillado con luz propia y maravillosa en tantas ocasiones, es ahora la vergüenza de la Iglesia.

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El católico sano estaba esperando desde hacía más de un año la prometida “correctio” a las barbaridades que el Papa Francisco I soltó en su día en su encíclica “Amoris Laetitia” en relación con la comunión a los adúlteros; porque eso es lo que son los que ahora llaman divorciados y vueltos a “casar”. En dicha encíclica el Papa admitía que quienes viven en tal estado de pecado mortal pueden comulgar; bien que luego, para camuflar semejante barbaridad, y como buen modernista, pretendió camuflar el asunto con palabritas tales como “acompañamiento”, “discernimiento”, “hospital de campaña”, “acogida”, “quién soy yo para juzgar” y ese cúmulo de etcéteras jesuítico-modernistas que tan bien se le dan. Cuando ante el escándalo sus amigos argentinos sacaron a la luz una interpretación en el sentido en que hemos dicho, él, el Papa Francisco I, dio explícitamente su visto bueno, de forma que no quedó duda y la tan temida barbaridad se confirmó.

A raíz de lo anterior, cuatro cardenales –¡qué pena, sólo cuatro en toda la Iglesia, dieron la cara!– le plantearon un “dubia” que, como era de esperar, al misericordioso Papa –dime de qué alardeas y te diré de qué careces–  ni le inmutó. La muerte por la vía rápida de dos de los cardenales, la excesiva edad del tercero y muy posiblemente la soledad del cuarto, parecía que había dado al traste con el siguiente paso que era la “correctio”, es decir, que ante el silencio indecoroso del Papa sólo quedaba corregirle públicamente.

Tomash Peta, Jan Pawel Lenga y Athanasius Schneider

Pues bien, gracias a Dios, tres obispos -Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la archidiócesis de Santa María en Astana; Jan Pawel Lenga, Arzobispo-Bispo emérito de Karaganda y Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana–, de una diócesis tan remota y con tan pocos católicos como la de Kazajistán, han dado el paso y, obedeciendo antes a Dios que a los hombres, incluido al Papa, que es hombre, cuando desbarra, han emitido un documento en el que con argumentos evangélicos irrefutables, más toda una serie de citas de Papas y concilios, quieren recordar a todos los católicos del mundo, incluido al propio Papa, cual es la doctrina inmutable y secular de la Iglesia sobre los divorciados y sobre quiénes pueden y no  pueden comulgar según se encuentren inmersos en ciertas prácticas sexuales.

Por supuesto, y penosamente, en toda esta batalla por la fe y por la doctrina, que dura lo que dura el papado de Francisco I, ni uno de los cardenales y obispos españoles ha dicho esta boca es mía. El clero español, que a lo largo de la Historia ha brillado con luz propia y maravillosa en tantas ocasiones, es ahora la vergüenza de la Iglesia. Es un clero sumido en la mediocridad, cobardía y el repugnante corporativismo, que calla cuando debería hablar y que habla sólo para alabar a los poderosos, a la democracia y a la Constitución. Ese clero que es sal sosa, hipócrita y sepulcro blanqueado.

A continuación les transcribimos la parte fundamental del documento de los obispos citados, al tiempo que AQUÍ       pueden descargarse el mismo completo, lo cual les recomendamos que hagan, guarden, aprendan para no olvidarlo y enseñen cuando menos a sus hijos y nietos.

 * Las relaciones sexuales entre personas que no están unidas entre sí por el vínculo de un matrimonio válido, como se verifica en el caso de los “divorciados vueltos a casar”, son siempre contrarias a la voluntad de Dios y constituyen una grave ofensa a Dios.

* Ninguna circunstancia o finalidad, ni siquiera una posible imputabilidad o culpa disminuida, pueden hacer de tales relaciones sexuales una realidad moral positiva y agradable a Dios. Lo mismo vale para los otros preceptos negativos de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Ello a causa de que “existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 17).

* La Iglesia no posee el carisma infalible de juzgar sobre el estado de gracia interno de un fiel (cf. Concilio di Trento, sess. 24, cap. 1). La no admisibilidad a la Santa Comunión de los así llamados “divorciados vueltos a casar” no significa por lo tanto un juicio de su estado de gracia ante Dios, sino un juicio del carácter visible, público y objetivo de su situación. A causa de la naturaleza visible de los sacramentos y de la misma Iglesia, la recepción de los sacramentos depende necesariamente de la situación visible y objetiva de los fieles.

* No es moralmente lícito tener relaciones sexuales con una persona que no es el propio cónyuge legítimo, para evitar un supuesto otro pecado. Ello a causa de que la Palabra de Dios nos enseña que no es lícito “hacer el mal para que venga el bien” (Rom 3, 8).

* La admisión de tales personas a la Santa Comunión puede ser permitida solamente cuando, con la ayuda de la gracia de Dios y de un paciente e individual acompañamiento pastoral, ellas hacen un sincero propósito de cesar de allí en adelante tales relaciones sexuales y de evitar el escándalo. En ello se ha expresado siempre en la Iglesia el verdadero discernimiento y el auténtico acompañamiento pastoral.

* Las personas que mantienen relaciones sexuales no conyugales de modo habitual, violan con tal estilo de vida el indisoluble vínculo nupcial matrimonial respecto al legítimo cónyuge. Por esta razón no son capaces de participar “en el Espíritu y en la Verdad” (cf. Jn 4, 23) en la cena nupcial eucarística de Cristo, teniendo también en cuenta las palabras del rito de la Sagrada Comunión: “¡Beatos los invitados a la Cena del Cordero!” (Ap 19, 9).

* El cumplimiento de la voluntad de Dios, revelada en Sus Diez Mandamientos y en Su explícita prohibición del divorcio, constituye el verdadero bien espiritual de las personas aquí en la Tierra, permitiendo así que sean conducidas a la salvación de la vida eterna.

 

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2 thoughts on “Por fin la corrección al Papa tan esperada, tan deseada y tan necesaria.”

  1. Esperamos, deseamos y necesitamos que no solo sean estos obispos y, además, que algún presbítero al menos se atreva a repetir esas palabras desde el púlpito.
    Por el bien de sus almas y de las nuestras

  2. Magníficos comentarios y resumen.
    Esperamos, deseamos y necesitamos que no solo sean estos obispos y, además, que algún presbítero al menos se atreva a repetir esas palabras desde el púlpito.
    Por el bien de sus almas y de las nuestras

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